"Con la pluma entre las manos"

26 mayo 2012

Objetivo:destruir la clase media

Filed under: General — fito1944 @ 13:21

El siglo XXI comenzó con el objetivo, económico-financiero-social, que podríamos titular: Destruyamos las clases medias. La crisis económica que estalló en EE.UU, y que posteriormente, como una epidemia, se fue extendiendo por todo el globo terráqueo, está a punto de lograr sus últimos objetivos.
Retrocediendo en el tiempo hasta la I Guerra Mundial, observamos que, ésta, marca el final de la política liberal decimonónica, que en colaboración con las monarquías europeas —unas constitucionalistas y otras tradicionalistas y conservadoras—, habíanse instalado en el poder durante casi un siglo. La Revolución Rusa marca el principio del fin del sistema político demoliberal; y unos años después, la Gran Depresión de 1929 le da la puntilla.
A raíz de finalizar la sangrienta I Guerra Mundial, el marxismo-leninismo plasmado en la URSS, intenta extenderse por todo el continente europeo, con la consigna de: “el liberalismo ha muerto y el colectivismo es la solución”. Pero esta idea no acaba de cuajar del todo en los sectores proletarios. Quizá, porque muchos hijos de los proletarios tradicionales empiezan a cultivarse y a buscar nuevos campos que les hagan crecer social y económicamente. Comienzan a obtener licenciaturas universitarias, a montar pequeños negocios y a introducirse en los cuerpos del funcionariado público, antes reservados a los hijos de parte de la burguesía. Este nuevo estrato social no comulga con las “arcaicas” ideas liberales, pero tampoco con las “modernas” ideas social-comunistas, procedentes de la URSS. Son los que podíamos denominar como obreros de cuello blanco. Aunque realmente, son los avanzados de lo que tan sólo unos años después formarán el grueso de las clases medias.
Un exsocialista italiano astuto e inteligente, llamado Benito Mussolini, se percata de que había un grueso colectivo que no se consideraba burgués-capitalista, pero tampoco marxista; y empieza a reclutar dentro de este grupo una gran cantidad de individuos que serán los primeros camisas negras del movimiento fascista. Dicho movimiento exalta la idea de nación frente a la de individuo o clase; suprime la discrepancia política en beneficio de un partido único, los localismos en beneficio del centralismo, y utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma de un líder en el que se concentra todo el poder. Toma el poder político tras la Marcha sobre Roma y encabeza el gobierno de la Nación. La idea mussoliniana, modificada o adaptada, se empieza a extender poco a poco por Europa. En Alemania, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), capitaneado por Adolf Hitler, comienza a realizar su primeros pinitos; en España, el General Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, con el beneplácito del rey Alfonso XIII, se autoproclama dictador, y le apoya una gran masa del pueblo llano, que en su mayoría pertenece a ese nuevo estrato social surgido a raíz de la I Guerra Mundial. En otros países europeos nacen también partido políticos cuyos militantes pertenecen a la surgente clase social.
Pocos años después, Adolfo Hitler y su nacionalsocialismo, se encumbran al poder de la nación germana. Alemania se convierte en el primer país militar e industrial de la vieja Europa. Su política desafía, por un lado, a las naciones consideradas demoliberales, y por otro, al estado soviético y a sus satélites. La confrontación bélica no se hace esperar y estalla la terrible y sangrienta II Guerra Mundial. Desde 1939 a 1945, Europa y parte del Pacífico arde en llamas, y un gran número de sus ciudades sufren las consecuencias de la multiconfrontación y quedan semidestruidas o arrasadas. Finalizada la contienda con el triunfo de las fuerza aliadas, los representantes de los países democráticos (Roosevelt, Churchill), y de los totalitarios (Stalin), se confabulan para repartirse el poder mundial.
En los cerebros de los principales dirigentes de las potencias ganadoras, comienza a surgir la idea de lo que será el nuevo orden mundial. Se sabe que el comunismo ambiciona extender su revolución al mayor número de países posible; del mismo modo que, las potencias democráticas pretender extender el sistema político y económico capitalista… Pero hay un problema, y es que, en las naciones del mundo occidental, denominado el mundo libre, no pueden instalarse los mismos sistemas económicos liberales de principios del siglo, ni tampoco dejar a los trabajadores sin sindicatos que los representen, y se inventan y nace el Estado del Bienestar: que es una mezcla de la ideología socialista y liberal… El invento funciona, y los partidos aparentemente moderados de la socialdemocracia y de la democracia cristiana, se turnan en el poder en la mayoría de los países. La clase media se ensancha, consume cada día más, y el Producto Interior Bruto (PIB) crece a pasos agigantados, gracias al buen comportamiento de la economía… ¡Todo es alegría! ¡Todo es bienestar!
Pasa el tiempo, y como todos los sistemas políticos y económicos, o se renuevan o se hunden. Los impuestos suben cada año más; quiebran algunas empresas; el paro aumenta… La clase media se resiente, y comienza a protestar y a sublevarse. Los capitalistas no hacen carrera de ellos, y los sindicatos se percatan de que ya no dominan a las masas. Así que, hay que inventar algo: algo para reducir a esos millones de ciudadanos que, con sus votos, cambian gobiernos con una facilidad impensable tan sólo hace unos años atrás… Y el invento consiste: en hacerlos creer que tienen más poder económico del que realmente poseen.
La banca internacional les ofrece créditos fáciles de conseguir, para que puedan adquirir “mansiones” o viviendas que sobrepasan su estatus social; para que puedan comprar vehículos de alta gama; para que sean poseedores de una segunda vivienda en la costa; para que puedan enviar a sus hijos a estudiar en universidades de prestigio o a realizar masters en el extranjero; para que disfruten de lujosos cruceros por el Mediterráneo, o viajen a determinados países tropicales… Se los ha hecho creer que son auténticos millonarios… ¡Y la clase media picó el anzuelo!
Lo que tenía que llegar, llegó… ¡Y llegó la crisis!… Como la mayoría de las crisis económicas, elimina los sueños y descubre las realidades. Se pierden empleos de calidad, los plazos de las obligaciones crediticias no se cumplen, y miles de personas pierden su vivienda. Los autónomos, que en su mayoría había montado con un gran esfuerzo un negocio que les permitiera vivir desahogadamente, tienen que cerrar las puertas de sus modestas industrias. Como consecuencia de esto, la clase media se asusta, ¡no sabe lo que hacer! Ahora no pueden exigir a sus patronos aumentos de sueldos, sino por el contrario, percibir salarios inferiores a los de años anteriores. Muchos recurren a los sindicatos, pero estos no pueden hacer nada, ya que, los defensores de los trabajadores han formado parte del sistema que ha provocado la crisis. La clase media se reduce. Ya no es tan numerosa ni tiene tanto poder como en los últimos cincuenta años. Parte de ella ha descendido en la escala social y se han convertido en unos proletarios de bajo nivel. Ahora tienen que sobrevivir con míseros salarios, o permanecer durante horas en la cola del paro.
Los liberal-capitalistas sonríen satisfechos, porque su mayor enemigo ha desaparecido, o ha sido diezmado considerablemente. Y por otro, los neomarxistas, también están contentos, porque su “clientela” va aumentar gracias al descontento de los trabajadores… Las clases medias han sido vencidas sin ofrecer apenas resistencia: los hasta ahora poderosos han perdido la batalla.
Aparecerá algún gurú que intentará hacer revivir a la clase media, pero eso será como el canto del cisne. La confianza, la ambición, la ignorancia y la cobardía, han logrado que la clase media se haga el harakiri. Y lo peor de todo, es que: ¡ya no hay remedio!

19 febrero 2012

De mis relaciones con el Carlismo

Filed under: Política/Teoría política/Vida política — fito1944 @ 20:41

Corría el final de los años cincuenta del pasado siglo, y en esa época, estudiaba yo los últimos cursos del Bachillerato. Uno de los compañeros del colegio, navarro de pro, apellidado Echarri, no recuerdo por qué motivo me llevó a un círculo carlista o tradicionalista sito en la céntrica calle madrileña de la Cruz.

Yo nunca había tenido relación con carlista alguno; y  mis conocimientos del carlismo se limitaban a los estudios de Historia del siglo XIX, en los que carlistas e isabelinos —o si se quiere  tradicionalistas y liberales—, se disputaban la corona de la monarquía española. Los nombres que recordaba eran los del primer pretendiente carlista a la Corona, hermano de Fernando VII, Carlos María Isidro, y los de sus más famosos generales: el vasco Zumalacárregui, y posteriormente, el levantino Cabrera. También conocía a los herederos del carlismo decimonónico, que un siglo después, en la Guerra Civil de 1936, colaboraron militarmente a la derrota de las tropas frentepopulistas de la II República con sus famosos tercios de requetés incorporados a las Brigadas Navarras. Aunque en aquella época, no entendía yo muy bien el motivo ideológico o político del por qué de la ayuda carlista a las tropas franquistas del autodenominado Ejército Nacional.

El local del centro carlista se encontraba ubicado en dos pisos situados en la primera y segunda planta de la finca de la calle de la Cruz número 1. Sus balcones miraban a tres vías madrileñas: calle de la Cruz, calle del Príncipe, y Plaza de Canalejas. Allí, lo que hacíamos los jóvenes casi niños, era divertirnos con los juegos recreativos de mesa, como el ajedrez o las damas, cuyos tableros se encontraban repartidos por las mesas de la habitación destinada a esos menesteres, a la vez que, conversábamos sobre temas propios de nuestra edad. Pero entre “col y col”, las personas que tenían la misión de adoctrinarnos con la ideología y la historia carlista, hacían su misión, dándonos ligeros trazos del pensamiento tradicionalista y de sus pro-hombres más destacados: Menéndez Pelayo, Donoso Cortés, o Vázquez de Mella, y de los más modernos como José María Valiente. Unido a esto, una vez por semana, se realizaba un seminario para jóvenes — para sus “pelayos” como denominaban a los cachorros—, y en esas sesiones se intentaba inculcar el pensamiento tradicional carlista y anti-liberal a todos los que acudíamos a aquellas reuniones.

Mis recuerdos de aquella época, limitados a mi  ya ajada memoria, no son muchos, pero sin duda, algunos nombres y su fisonomía quedan aún vivos en las neuronas de mi cerebro. Los hombres en el más alto vértice de la pirámide de mando, eran dos excombatientes de la Guerra Civil: un tal Fermeño—grueso, seguro de sí mismo y elegante—; y Zavala —bigotudo, nervioso y activo—. También ocupaba un puesto distinguido en la organización otro excombatiente, Ciordia, aunque éste, creo recordar que limitaba su responsabilidad al orden y a la seguridad del Círculo.  Este último, que era navarro, poseía un físico corpulento de similares características a los de los levantadores de piedra vasco-navarros. Entre la gente joven universitaria, por lo tanto un poco mayor que nosotros, estaba un tal Marín —miope, alto y enjuto—; un estudiante de Derecho apellidado Barrionuevo —años después, ideológicamente trasplantado al socialismo, ministro de Gobernación con el Gobierno de Felipe González, y uno de los condenados por su responsabilidad en la creación  del grupo terrorista antietarra GAL. Destacaba entre ellos, por ser hombre educado, distinguido y culto, el abogado valenciano José Miguel Ortí Bordas, responsable de la Agrupación Estudiantil Tradicionalista (AET); que posteriormente ocupó la Jefatura Nacional del Sindicato Español Universitario (SEU); fue procurador en Cortes en la época franquista; en la democracia obtuvo un escaño en el Congreso de los Diputados; posteriormente fue senador, y terminada su carrera política ocupó la presidencia de la Empresa Nacional de Autopistas.

Todos los años se acostumbraba a asistir a la concentración del “santuario carlista” de Montejurra, en Estella, pero yo en aquella época nunca pisé las tierras navarras, ya que no tenía el permiso de mis padres, entre otras cosas, porque ignoraban que tuviera yo relaciones ideológicas con el carlismo. Pero sí fui en un par de ocasiones a una misa que se solía celebrar en la Iglesia-Oratorio de la calle de Caballero de Gracia. Que por cierto, a la salida de la celebración del oficio religioso, un bosque de cabezas cubiertas con la boina encarnada, entonaban el himno que había acompañado al carlismo durante muchos años: el Oriamendi.

No duraron mucho mis correrías por aquel círculo tradicionalista. Y es que no estaba yo muy entusiasmado con la doctrina, que consideraba un tanto arcaica; así que, un día, sin explicación alguna, dejé de pisar los locales de la calle de la Cruz. Ahora, ya ha pasado medio siglo desde mi tránsito por aquel lugar tradicionalista, y no sé que es de su caminar por esta época del siglo XXI. Hace unos cuantos años coincidí con uno de aquellos jóvenes, hoy jubilados, que asistían como yo al círculo de los “boinas rojas”. Le pasaba lo que a mí, que no había vuelto a acudir por aquellos lares, y me dijo, que los locales de la calle de la Cruz habían sido abandonados para trasladarse a otros  en la calle del Limón… Estas fueron las últimas noticias que recibí sobre el carlismo, tradicionalismo, requeté, o como quiera denominarse.

Ahora, sin un motivo determinado, me he puesto a escribir esta crónica de mi remoto pasado juvenil. Tengo que decir que, sin haberme sentido identificado con la doctrina del carlismo, guardo un buen recuerdo del trato recibido, así como mantengo el agradecimiento de haber contraído algunas amistades que han perdurado hasta no hace muchos años.

6 febrero 2012

38º Congreso del PSOE: el socialismo se parte en dos.

Filed under: Política/Teoría política/Vida política — fito1944 @ 18:57

El domingo día 5 del presente mes ha concluido el 38º Congreso del Partido Socialista (PSOE), que se ha celebrado en el “Hotel Renacimiento” de la ciudad andaluza de Sevilla.

El Congreso cobraba una gran importancia, porque en él se iba a elegir al nuevo Secretario General que regiría los destinos de los socialistas españoles, después de la dura derrota sufrida en las urnas hace menos de dos meses. Los candidatos han realizado una campaña electoral bastante agitada, pues ambos deseaban fervientemente tomar el mando del partido domiciliado en la calle madrileña de Ferraz. Alfredo Pérez Rubalcaba y Carmen (o Carme) Chacón, eran los dos únicos candidatos. Nombres que habían salido fuertemente derrotados en las últimas Elecciones Generales: el primero como candidato a la Presidencia del Gobierno, y el segundo, como cabeza principal de los socialistas catalanes. Por lo que resulta extraño que, dos militantes que no habían sido aceptados por el pueblo español para que rigieran los destinos de la Nación, y a la vez, haber formado parte de la ejecutiva socialista en el Gobierno saliente, fueran los candidatos que se ofrecieran para ser cabeza rectora del PSOE.

Sus discursos en la campaña se han distinguido por proclamarse ambos representantes de los valores que reformarían el partido. También ambos, antes del recuento de votos, se proclamaban vencedores. Pero hasta que no se contaron los últimos sufragios no se supo el auténtico vencedor… Y es que todo estaba nivelado: la incongruencia de sus discursos, el reciente fracaso electoral, su reducido carisma, su pertenencia al mismo equipo ejecutivo en el vencido Gobierno de Rodríguez Zapatero… En el recuento de sufragios, sólo les separaron 22 votos: 487 para Pérez Rubalcaba, y 465 para Carme Chacón.

Los días anteriores al Congreso, se realizaron “quinielas” para acertar quien iba  a proclamarse vencedor. Y había opiniones para todos los gustos; aunque en los últimos días se empezaba a decantar un ganador: Carme Chacón… Pero como muchas veces ocurre, los vaticinios se equivocaron y ha salido ganador el “eterno veterano”, Pérez Rubalcaba… Lágrimas de Chacón, y desazón en sus seguidores;  alegría en el rostro del barbudo Rubalcaba, y ovación cerrada de sus seguidores. Todo había acabado…

Los analistas políticos de los periódicos que han cubierto el evento socialista parecen coincidir, en que la veteranía de Rubalcaba, y sus negociaciones anteriores, le han  allanado el camino hacia la Secretaría General; mientras que la “inocencia” política de Chacón, le hizo creerse ganadora antes de tiempo, llevándola al fracaso de la derrota. Pero la pírrica victoria de Pérez Rubalcaba, hace pensar, sin temor a equivocarse, que las espadas siguen en alto. Y que el próximo Congreso, que se celebrará dentro de dos años para elegir al futuro candidato socialista a la Moncloa, será seguramente dominado por los que ahora se les empieza a denominar “chaconianos”… A no ser, claro, que en ese tiempo, brote de los jóvenes militantes un nuevo líder… Pero esto es poco probable.

Creo  que, el camino que debería haber seguido el socialismo es el de la auténtica renovación. Constituir un grupo que lidere un hombre que borre el pasado; que modernice el partido; que sea un auténtico socialdemócrata. Que no vuelva a las andadas del discurso anticapitalista, anticlerical, radical, retrógrado… España habría necesitado una oposición nueva, renovadora, que se pudiera presentar como alternativa de Gobierno, y que fuera leal a la Nación y a la Constitución, alejada de apoyos a los nacionalistas y separatistas.

El PSOE, le ha regalado al Partido Popular dos años, que si el Presidente Rajoy es inteligente aprovechará  para arreglar los desaguisados de la crisis económica y del anterior gobierno socialista… Sólo la gravedad de la crisis económica, constitucional y política, supone una incertidumbre en el futuro del Gobierno Rajoy. Pero creo que el PSOE se ha apartado del camino que conduce a la Moncloa. Desde ahora en adelante, el Partido Popular sólo depende de sus aciertos y de sus errores… Es decir: ¡sólo depende de si mismo!

5 enero 2012

Ha muerto uno de los grandes de la guitarra flamenca.

Filed under: Tauromaquia/Flamenco — fito1944 @ 18:20

El día 3 de enero, ha fallecido en Madrid uno de los grandes de la guitarra flamenca: Enrique de Melchor.

Aunque el verdadero nombre del extinto guitarrista era Enrique Jiménez Ramírez, siempre se le conoció por su nombre artístico: Enrique de Melchor. Nombre este heredado en parte de su padre, el también  famoso “tocaor”, Melchor de Marchena; del que aprendió el manejo de la guitarra en general y sus primeras “falsetas”.

Había nacido el año 1951 en la localidad Sevillana de Marchena, y desde muy joven comenzó a acompañar con su guitarra a famosos intérpretes del cante “hondo”. Conoció la última época de los “cantaores” Manolo Caracol y del inmortal Marchena, y de los guitarristas Niño Ricardo Sabicas. Pero no fue ajeno al cambio por el que empezaba a caminar el flamenco, y se enganchó a ese cambio pero sin perder el sonido y el aire de la guitarra tradicional. Conoció el tablao de “Los Canasteros”, de “Las Cuevas de Nerja”, de “La Venta del Gato”, del “Corral de la Pacheca”, del “Café de Chinitas”, del “Corral de la Morería”, y de “Torres Bermejas”; algunos de ellos ya desaparecidos. Fue amigo de los mejores guitarristas flamencos: Paco de Lucia, Manolo Sanlucar, Vicente Amigo, Paco Cepero, Moraito Chico, Tomatito, Paco y Pepe Habichuela, Gerardo Núñez…

Su calidad de sonido y sus conocimientos le hicieron acompañar a los más afamados flamencos: Rocio Jurado, José Mercé, El Lebrijano, Vicente Soto Sordera, Carmen Linares y José Menese, del que era guitarrista de cabecera. Con sus clásicas gafas, daba la sensación de ser más un intelectual que un guitarrista del flamenco clásico; y es que realmente era un  intelectual, un pensador, un creador de melodías flamencas… Estudiaba cada “toque” con una dedicación y una profundidad extraordinaria; por eso, cada vez que acompañaba a algún “cantaor”, había que prestar atención a sus introducciones, que eran de una calidad y de una flamenquería casi insuperables. Gravó más de un centenar de discos, unas veces acompañando al cante, y otras en solitario.

En el año que acaba de concluir, nos dejaron dos grandes del flamenco: el guitarrista Moraito Chico, y uno de los mejores “cantaores” de los últimos tiempos, Enrique Morente. El año que comienza nos ha sorprendido con la muerte de uno de los grandes del instrumento musical de las seis cuerdas; un creador y un intérprete excepcional; un hombre que supo mezclar el sonido actual y el sabor flamenco más añejo.

¡Descanse en Paz!

28 diciembre 2011

El Gobierno que nos tendrá que sacar de la crisis.

Filed under: General — fito1944 @ 14:54

Al fin hemos conocido los ciudadanos los nombres y la composición del nuevo Ejecutivo que dirigirá la política española durante los próximos cuatro años. El flamante Presidente del Gobierno, el hermético Mariano Rajoy, no había filtrado con anterioridad a la prensa ningún nombre de los candidatos, provocando con ello una serie de divagaciones  de los informadores, que daban nombres y nombres sin acertar en la diana con ninguno, o con errores apreciables en sus vaticinios. Después de visitar al Rey en el Palacio de la Zarzuela, el flamante Presidente del Gobierno ofreció una  nimia rueda  de prensa en la que se limitó a informar de los nombres de los responsables de los Ministerios; que por cierto, como había prometido en su campaña electoral, ha reducido en número con relación a los del último Ejecutivo capitaneado por el discutido, censurado… y fracasado, Rodríguez Zapatero. En general, la imagen del nuevo Gobierno ha sido muy bien acogida por la prensa, así como por políticos ajenos al Partido Popular. La opinión más unánime es la de que parece ser un Gobierno tecnocrático, de profesionales con experiencia, pulido y responsable, que es realmente el que España necesita en estos momentos de crisis generalizada.

Los nombramientos de Luis del Guindos en Economía y Competitividad, de Cristóbal Montoro en Hacienda y Administraciones Públicas, de Soria en Industria, de Arias Cañete en  Agricultura, Pesca y Ganadería, y de Fátima Bañez en Empleo y Seguridad Social, han sido aplaudidos por la mayoría de los analistas políticos, que consideran, que la ordenación de la Economía y sus reformas estructurales, así como la del mercado laboral, son las reformas más urentes que necesita el país para empezar a funcionar de una manera positiva. A todos estos nombres se unen otros como los de Ana Mato en la responsabilidad de Sanidad, y Ana Pastor en Fomento, políticamente ambas bastante conocidas… Otros nombres también forman parte del nuevo Ejecutivo, y aunque no muy renombrados, sus biografías hacen  pensar que son hombres con el suficiente talento y experiencia como para poder aportar buenos resultados a la política inaugurada por Mariano Rajoy. La estrella de los nuevos responsables gubernativos ha sido, Soraya Sáenz de Santamaría, que ocupa la Vicepresidencia, el Ministerio de Presidencia y la portavocía del Gobierno. La mayoría de los españoles conocen de sobra a esta joven mujer que exterioriza diariamente su valía, sus conocimientos y sus grandes facultades laborales… Pero a mí, personalmente, se me antoja que son demasiados cargos responsables para una persona, que aunque voluntariosa y capaz, le falta experiencia política para soportar sobre sus espaldas el peso de prácticamente tres ministerios.

Pero también con los nuevos nombramientos ha habido extrañezas, y sobre todo decepciones. A mi entender,  la elección como Ministro del Interior de Jorge Fernández no aparenta ser la mejor, pues entiendo que el Partido Popular cuenta en sus filas con personas con gran capacidad  y profesionalidad para desempeñar  las responsabilidades propias de ese difícil y complicado Ministerio. Se comenta en la prensa especializada, que es posible que el nuevo ministro le tenga que agradecer su nombramiento a la íntima amistad que le une al Presidente del Gobierno. Pero creo, que la amistad y la confianza no son suficientes méritos como para merecer una cartera ministerial con relieve y con mucho que reformar. Pero quizá, la mayor sorpresa haya sido el nombramiento de Alberto Ruiz-Gallardón para ocupar el sillón ministerial de Justicia. Este nombramiento ha sentado mal a determinados sectores de prensa de ideología liberal-conservadora, y también, porque no decirlo, a muchos militantes del Partido Popular madrileño, que consideran que el ex-alcalde no debería haber ocupado esa plaza, sino otra más acorde con su estilo político. Es sabido que Ruiz-Gallardón pertenece a la carrera fiscal, pero no es menos cierto que ejerció como tal menos de un año, por lo que se entiende que no debe haber acumulado mucha experiencia en sus labores fiscales. En su toma de posesión se notaron ausencias muy importantes del mundo de la Justicia, y es que no hay que ignorar que, el señor Ruiz-Gallardón, desde que dejó de ejercer su cargo fiscal, no se ha preocupado demasiado por los asuntos y por los problemas de la Administración de Justicia. Tiene el nuevo representado del poder ejecutivo sobre su mesa, el ejercicio de resolver la lentitud de las resoluciones judiciales; la renovación del Tribunal Constitucional; la despolitización de la Justicia; la aclaración de determinados asuntos que han hecho enfrentarse al Tribunal Supremo con el Tribunal Constitucional; y el incumplimiento de las sentencias  del Supremo por determinadas Comunidades Autonómicas, especialmente la Generalidad de Cataluña… Muchos dudan de que el nuevo ministro reúna las condiciones necesarias como para llevar a buen puerto el buque de la ordenación y de la renovación de su Ministerio. Ruiz-Gallardón, tiene un talante negociador y apaciguador, pero quizá le falte carácter y disciplina, y es hombre dado a dejar de lado asuntos que le compliquen demasiado su existencia personal y política.

No obstante a todo lo manifestado en los anteriores párrafos, habrá que tener en cuenta el error que siempre se sucede en los vaticinios, en las creencias, o en las “adivinanzas”; y más en política, en donde nada está escrito y lo sobreentendido, lo tácito, o lo emplícito, es el plato diario de toda vianda política. Así como, también, la variación de los programas electorales es debida en muchos casos a  conveniencias de la situación, y los que forman parte del poder  Ejecutivo cambian las políticas de sus ministerios, y en “donde dije digo, digo Diego”… Lo que quiere decir, que, habrá ministros que ahora nos parecen extraordinarios o buenos, y pasado un tiempo se pueden convertir en un auténtico bluff o fiasco; y por el contrario, otros, que a nadie ha gustado su nombramiento, y que nos resultan de poca talla política, con el tiempo nos sorprenden con una buena actividad ministerial y con aciertos que favorecen el interés general o el bien común.

Por lo tanto, habrá que esperar un tiempo prudencial a ver como se manejan los nuevos ministros y tener esperanza de que lo hagan bien y acertadamente, porque ahora es lo que necesita España.

22 diciembre 2011

38º Aniversario del atentado contra Carrero Blanco

Filed under: Historia/Personajes históricos/Anécdotas — fito1944 @ 0:13

El día 20  se ha cumplido el 38º aniversario del atentado terrorista que costó la vida al presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco.

Mis recuerdos llegan hasta aquel día. Como en mi  era habitual, acudí a las oficinas de la empresa en donde trabajaba, en la madrileña calle de Serrano. Un poco antes de media mañana una fuerte explosión se dejo oír, de tal magnitud, que hizo vibrar los gruesos cristales de los anchos ventanales del edificio. Todos los compañeros que componíamos la plantilla de la empresa nos alarmamos. A los pocos minutos, comenzaron a sonar las sirenas de las ambulancias, de los coches de policía y de los bomberos. Esto nos hizo pensar que algo “gordo” había sucedido. Algunos de los compañeros acostumbraban a llevar consigo diminutos radio-transistores, y por ellos escuchamos las primeras noticias que hacían referencia a la explosión. Comenzaron diciendo que había sido una explosión de gas; después que uno de los fallecidos era el presidente del Gobierno; y posteriormente dieron a conocer la auténtica versión: había sido una explosión provocada voluntariamente para acabar con la vida del Jefe de Ejecutivo. Es decir: un atentado terrorista.

Deseando recoger alguna mejor información, muchos de nosotros nos abalanzamos sobre los teléfonos para intentar contactar con personas que nos pudieran añadir algo a lo que ya conocíamos, pero sorprendentemente, la mayoría de las líneas estaban colapsadas. Y es que un gran número de españoles habían tenido la misma idea que nosotros. Cosa lógica, ya que, aunque el régimen franquista había pasado en los últimos años, de su tranquilidad habitual a sufrir ciertos vaivenes trágicos por los sangrientos atentados de la banda terrorista de ETA, el asesinato del recientemente nombrado presidente del Gobierno había sorprendido y alarmado a la mayoría de la sociedad española.

Al mediodía, al salir a tomar el habitual  refrigerio, acompañado de algunos compañeros, me acerqué hasta la  calle de Claudio Coello, que era donde se había producido el atentado. El espectáculo que se presentó ante nuestros ojos fue sobrecogedor. La zona estaba acordonado por miembros de la seguridad del Estado, y había también policía municipal y bomberos. Los coches que estaban aparcados en ambos lados de la calle estaban totalmente destrozados. Un enorme cráter se encontraba abierto en medio de la calzada, y por él emanaba un fuerte olor a gas y a cloaca. En lo alto del tejada del Colegio de los Jesuitas, medio colgados, estaban los restos retorcido del coche Dodge-dar que trasladaba habitualmente al fenecido presidente. Aquel desagradable espectáculo nos revolvió las “tripas”, y ese día nuestro refrigerio se convirtió en más frugal de lo cotidiano. Por la tarde ya se empezaron a conocer más noticias de cómo sucedieron los hechos; y pocos días después, la policía había detenido a parte del comando de ETA y a alguno de sus cómplices.

El comando Txikia, de la organización terrorista vasca ETA, se había trasladado a Madrid y alquilado un semisótano en el número 104 de la calle de Claudio Coello. Manifestaron al propietario del inmueble y al portero de la finca, que lo iban a utilizar como estudio de escultura; seguramente para que no sospecharan de los martillazos y de los sacos  que evacuaban de vez en cuando. Los sacos estaban llenos de arena de la que extraían del túnel que estaban realizando y que llegaba hasta el centro de la calle. En él colocaron 100 KG del explosivo plástico conocido como Goma-2. Este explosivo estaba destinado a que  estallara cuando pasara el coche del presidente del Gobierno. A la operación la denominaron con la clave de “Operación Ogro”.

El día 20 de diciembre de 1973, a la hora de costumbre, el coche del presidente rodaba por la calle en donde sucedieron los hechos. Los terroristas accionaron el mecanismo detonador y la explosión fue tan violenta que, el automóvil voló por los aires, golpeo en el tejado, y cayó a una terraza anexa al edificio en donde Luis Carrero Blanco acababa de oír misa unos minutos antes. El Presidente murió en el acto, así como el conductor del vehículo, José Luis Pérez Mogena, y el policía de escolta, José Antonio Bueno Fernández, que también viajaba en el mismo coche.

Muchos nos preguntamos, ¿por qué el presidente siempre seguía la misma ruta? ¿Cómo no se habían tomado las mínimas y elementales medidas de seguridad?… Parece ser que fue aconsejado por los servicios responsables para que variara la ruta, pero  Carrero Blanco se había negado a ello. Quizá es que, como les pasa a muchos dirigentes políticos, no acaban de estar al día de lo que sucede en la calle, en la vida cotidiana, desprecian los consejos de los técnicos, y se creen omnipotentes e inmortales.

En diversas operaciones policiales se detuvo o se identificó a todos los componentes del comando Txiquía. Eran seis hombres los que lo componían, y sus nombres de “guerra” quedaron para siempre gravados en la historia del terrorismo etarra: Marquín, Argala, Wilson, Atxulo, Josu, y Zigor… Algunos de ellos fueron detenidos, pero gracias a  las amnistías concedidas por el Gobierno de Adolfo Suarez durante la denominada ‘transición política’, pocos años después quedaron en libertad. Sólo Argala, que residía en la localidad francesa de Arles, murió a consecuencias del atentado que sufrió realizado por el denominado Batallón Vasco Español —organización ultraderechista con incrustaciones de los servicios secretos militares—.

Ni que decir tiene, que el impacto psicológico afectó a la mayoría de los ciudadanos. Unos se alegraron, porque pensaban que, de esta forma, el régimen franquista quedaba descabezado, y le auguraron un rápido final. Otros, afines al Régimen del 18 de julio, al Movimiento Nacional, también se dieron cuenta de que aquello era un golpe mortal que dificultaría  la posible continuidad del sistema político, una vez que desapareciera la figura de su fundador, el general Franco.

Aún, hoy en día, historiadores, politólogos, sociólogos, periodistas y analistas políticos, siguen sin ponerse de acuerdo sobre cuál hubiera sido el resultado político español (después de morir Franco), si el almirante Carrero Blanco no hubiese resultado asesinado. Unos opinan que fue vital para que hubiera democracia en España que Luis Carrero Blanco desapareciera, porque si hubiera seguido al frente del Gobierno después de la muerte de Franco, el país habría continuado con un régimen político continuador del anterior. Otros, por el contrario, opinan que la llegada de la democracia era irreversible, y que con Carrero o sin Carrero, la democracia parlamentaria hubiera llegado a España, y se hubieran hecho las mismas cosas… Yo tengo una opinión muy personal al respecto. Entiendo que con la presencia del rey don Juan Carlos I al frente de la Jefatura del Estado, la democracia parlamentaria hubiese llegado a España; pero si Carrero Blanco hubiese estado al frente del Gobierno, hubiera habido igualmente elecciones generales, se hubieran constituidos partidos políticos de diversos signos políticos, se hubieran formado unas cortes constituyentes, se hubiera aprobado una nueva Constitución, etc, etc… Pero sin duda, no se hubiera configurado el Estado como el “Estado de las Autonomías”.  Él no hubiera estado de acuerdo con la división de los españoles, no hubiera consentido doctrina nacionalista, ni separatista… Y seguramente hubiese capitaneado un partido de signo nacional unitario, que ganara las Elecciones Generales. Queramos o no, Luis Carrero Blanco, era un personaje de mucha entidad política y militar; un hombre al que se le admiraba y respetaba en los tres Ejércitos; un hombre que había estado al frente de los servicios de información del régimen franquista; un personaje que conocía los secretos del Estado, y los secretos de los hombres más importantes de la vida española… Y eso pesaba mucho.

De cualquier forma, hace muchos años de aquel importante suceso, y las discusiones sobre el pasado son mera fantasía. Realmente, nunca se podrá saber qué hubiera pasado si el presidente del Gobierno no hubiera sido asesinado… ¡El pasado es pasado!

14 diciembre 2011

Nueva novela: “Todos fueron culpables”

Filed under: Literatura/Arte — fito1944 @ 14:16

Hoy escribo una escueta nota, o una breve reseña, para comunicaros a los que me leéis cotidianamente, que acabo de editar mi última novela a la que he titulado: ” Todos fueron culpables”.

La novela consta de 530 páginas. Y en ella he tratado de narrar, a través de sus personajes –unos reales y otros ficticios–, la vicisitudes que se sucedieron durante el periodo que duró la II República española (1931-1936); y que llevaron a los españoles a una fratricida y cruel Guerra Civil.

Los que querais adquirirla, podéis dirigiros a:

Bubok Publishing.S.L.— Aguacate,41.Portal A2. 1ª Planta.Oficina 1—28054Madrid—Teléfono:902052573—www.bubok.es

Deseo, a los que la adquiráis, que disfrutéis con su lectura.

28 noviembre 2011

Edmund Burke: un hombre de Estado

Filed under: Política/Teoría política/Vida política — fito1944 @ 18:45

Edmund Burke, nació en la ciudad irlandesa de Dublín, el día 12 de enero de 1729, de padre anglicano y madre católica. Serio, estudioso y ambicioso, las necesidades económicas le hicieron por entonces dedicarse a la política. Realmente tenía una vocación literaria, pero su padre influyó para que estudiara Derecho en Londres, con el fin de que se dedicase a la política. No quería decir esto que un escritor no pudiese dedicarse a la política. Hay ejemplos en la Historia que demuestran que grandes hombres de Estado han sido a la vez también grandes escritores, por ejemplo: Winston Churchill, al que le fue concedido el Premio Nobel de Literatura; el famoso ministros inglés Benjamín Disraeli, escribía novelas antes de dedicarse a la política; el expresidente galo Valéry Giscard d’Estaing, también ha escrito varios ensayos; el Premio Nobel de Literatura en 2010, Mario Vargas Llosa, aspiró hace unos años a ser presidente de su país, Perú.

Aunque ejerció toda su vida de parlamentario en la oposición, Burke consiguió ascender a la categoría de hombre de Estado. Fue el parlamentario más activo de su generación, en veinticinco años de vida política pronunció seiscientos discursos, y es que era un auténtico “animal político”. Como signo de contradicción, se puede decir de él: que era un hombre sin recursos económicos, que militaba en un partido de hombres acaudalados que defendían los intereses de los ricos.

Edmund Burke, se dio a conocer en 1757 por un escrito sobre arte y filosofía. Poco tiempo después, pasó a dirigir una revista política. Pasados tres años inició su actividad política parlamentaria, porque tuvo la ocasión de obtener el puesto de secretario privado del líder whig (liberal) Rockingham, el cual en dos ocasiones fue primer ministro irlandés, aunque por un tiempo breve. Este hombre rico, mundano, apasionado de las carreras de caballos, fue quien dio al joven escritor la oportunidad de obtener un escaño en el Parlamento. Y lo que es más importante, lo formó para ser whig, o sea: para mantenerse firme en la oposición al Rey. En no mucho tiempo, Burke, sin ser primer ministro, sin pertenecer al Gobierno, sin ser un líder político, se convirtió en un gran hombre de Estado, en un “statesman”.  Y sin ser un hombre del Ejecutivo, consiguió modificar la escena política británica pasando a la Historia por desmontar a los whigs como formación política; pero no como los políticos al uso, siendo un tránsfuga abandonando a su partido político, sino formando el old whigs (viejos liberales), en contraposición con los new whigs (liberales progresistas), quienes al contrario de los old whigs apoyaban la Revolución Francesa.

Burke escribió su obra más famosa con el título de “Reflexiones”, que ponía fin a su enemistad con el rey Jorge III. La Ciencia Política reconoce a Burke el mérito y la virtud de haber acuñado la primera definición de partido político; pero no por ello le concede su confianza. Aunque el profesor de Ciencia Política, Eduard Tarnawski, dice: “Burke, no creía que los hombres pudieran gobernarse por sí mismos… Sabía que las visiones generalistas se las puede permitir el político y también el filósofo, pero no el statesman, que tiene en mente un sinfín de variables que combinar con ideas generales a la hora de tomar decisiones… Un auténtico hombre de Estado, tiene que saber reconocer a los enemigos reales, no a los que juegan a hacer revoluciones”. Entendía Burke —criticando ‘El Contrato Social’ de Rousseau—: “Que la política no es posible sin lo implícito, lo tácito, lo sobreentendido; la política no se escribe negro sobre blanco… Por eso, los que ven sólo contratos, no son actos para ser hombres de Estado. Los  contratos no se pueden aplicar a la vida de un Estado, porque no es una asociación para el comercio de la pimienta y el café, el algodón o el tabaco. Un Estado no es un negocio, y no puede ser disuelto al antojo de las partes contratantes, ni mediante escritura pública elevada ante notario”.

A la hora de definir un partido político, lo hizo Burke de una manera, que pese a los años transcurridos, tiene vigente actualidad: “Un partido político es la unión de unos individuos que se esfuerzan conjuntamente por promover el interés nacional según un determinado principio, con el cual están todos de acuerdo”. Para Maquiavelo, y la Ciencia Política en general, el poder es el centro de su reflexión política. Por el contrario, Burke, hace de la libertad el punto de su referencia, de su pensamiento y actuación:”La libertad es una condición de primer orden, es el resorte vital y la energía del reino, cuya vida y vigor dependen precisamente del grado de libertad y no del grado de democracia”. Muchos teóricos y analistas políticos no comprenden como uno se puede oponer a la democracia, y explican la idea burkeriana en términos de inmovilismo. Él se defendía aduciendo:”La libertad no es una meta por conquistar, sino un deber por defender. La libertad no se extrae de unos principios, ni de unos sufragios, ni de una constitución escrita…”.

En 1773, Burke fue a París, y en una tertulia a la que acudía con frecuencia, conoció a los enciclopedistas. Se percató de antemano de lo que se avecinaba sobre Francia, y quizá también sobre determinados países europeos: La Revolución francesa. Desde el primer momento, Burke se convirtió en enemigo del estilo revolucionario, que consideraba violento y desmedido, sobre todo el estilo de sus máximos responsables: los jacobinos. En una carta que escribe al sobrino de Rockingham –su mentor–, se muestra muy radical:”La Revolución francesa es el acontecimiento más asombroso que hasta ahora ha sucedido en el mundo… Pero la Revolución no fue concebida por hombres de letras con ambiciones políticas, sino por geógrafos, geométricos y químicos, con el objeto, no tanto de resolver el problema de la deuda pública, sino para poder tratar a los hombres como si fueran ratones”. Burke intentaba que sus compatriotas abrieran los ojos a lo que estaba ocurriendo en Francia, y les alertaba de los peligros que acuciaban a su propio país; pues cuando más profundizaba en los entresijos de la Revolución, más daba por perdida a Francia. Luchaba también con fuerza contra los intelectuales que intentaban históricamente unir las dos revoluciones, la francesa de 1789 y la norteamericana de 1776. Y afirmaba que, la destrucción de la religión era la única finalidad de la Revolución francesa.

Edmund Burke, despierta incomprensión y antipatía porque no está dispuesto a rendir culto a los “derechos humanos” afirmados por los revolucionarios, y sobre todo, si estos son proclamados por los que hablan del estado natural. Para él, los derechos humanos son:

1º/ El derecho de hacer justicia entre sus conciudadanos.

2º/El derecho a los frutos del trabajo.

3º/El derecho a poseer los que adquieran sus padres, y a alimentar y a criar a sus hijos.

4º/Todos los hombres tienen los mismo derechos, pero no tienen derechos a cosas iguales.

5º/Los hombres no tienen derecho a lo que no es razonable, ni a lo que no es para su beneficio.

Seguramente, resulta molesto Burke para la Ciencia Política, no por ser un “conservador o un contrarrevolucionario”. Creo que el problema es otro: el diputado británico no era de los que se dejan engañar. Sabía distinguir entre lo que era política, religión y ciencia. Por otra parte, tenía una idea muy diferente a la de los revolucionarios y sus sucesores sobre la economía de Estado. Escribió: “El Gobierno tiene poder para evitar muchos males; pero en el sentido de solucionar sus problemas es poco lo que puede hacer”. El profesor Tarnawski, remacha esta idea de Burke diciendo: “El aspirante a burkiano, tendrá que desechar la idea de que se puede ayudar a los pobres a base de empobrecer a los ricos. En una distribución equitativa, a los miembros de una multitud les tocaría poco. Por otro lado, los ricos son tan escasos que si se les eliminara a todos y se distribuyera lo que ellos consumen en un año, no alcanzaría para una ración de pan y queso para todos los que trabajan”.

Hay que reconocer al político británico los ocho años que dedicó a la lucha persiguiendo la corrupción política de la época, de la que llegó a conocer a la perfección las tramas ocultas de quienes, siendo pura y simplemente especuladores, se hacían pasar por políticos. Aunque no consiguió su objetivo principal: condenar a Warren Hastings, directivo principal de la Administración Colonial inglesa en la India. Y siguiendo con la corrupción, el engaño y la Revolución Francesa, habla en la última parte de su obra principal ‘Reflexiones’: “La Revolución en Francia no fue más que la insolvencia que aquejaba al reino de Francia. No existe un rasgo lógico de lucha de clases. Ha sido algo tan simple como puede ser el uso del procedimiento de  quiebra o bancarrota”. Trasladando los conocimientos económicos  de Burke a la época actual, y más concretamente a la crisis económica y financiera que está padeciendo el mundo desarrollado, especialmente los países europeos, podemos entresacar algunas frases de su pensamiento: “Las naciones que se hunden más y más  en un mar de deudas ilimitadas. Las deudas públicas que en principio fueron una garantía de los gobiernos porque hacían que muchos estuvieran interesados en mantener la tranquilidad pública, puede que, si son excesivas, se conviertan en un medio de subversión. Si los gobiernos deciden pagar dichas deudas mediante el procedimiento de imponer grandes impuestos, perecerán porque se hacen odiosos al pueblo”.

A Burke hay que valorarlo, no por lo que anticipó, sino porque fue el último por no recurrir a la abstracción y a la simplificación para hablar de política; fue el último en no interesarse por los conflictos sociales o por las revoluciones como supuestas soluciones. Él no estuvo a favor del Antiguo Régimen, no por ser antiguo, sino porque creía que la libertad estaba mejor preservada. No tenía miedo a las mayorías, sino a la que éstas pueden engendrar: el mal. Pensaba que sólo hay una amenaza a la libertad: el mal producido por la mayoría ignorante.  Nunca temió enfrentarse a los poderosos, defender a los débiles, ni oponer a los intereses establecidos su preclaro talento. Se mantuvo siempre activo, recordando en todo momento que “para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Fue el más brillante defensor de los oprimidos católicos y, frecuentemente, de los disidentes. Insistió, mientras ocupó un puesto relevante en la Cámara de los Comunes, en que las colonias americanas poseían los derechos de los ingleses y también las costumbres y normas adquiridas en su experiencia colonial. Se opuso firmemente a toda política que pretendiera reducir sus libertades, centralizar la autoridad en la Corona o reducir las prerrogativas del Parlamento.

Como se puede adivinar, los pensamientos y las razones de Burke no son muy admitidas por los sociólogos y los politólogos de nuestro tiempo; quizá, porque bastantes de ellos han heredado unas ideas colectivistas emanadas del marxismo que se practicó, durante más de medio siglo, en la Unión Soviética y países satélites. Aún así, y pese a muchos, la figura de Burke, mejor o peor tratada, se sigue estudiando en la mayoría de las facultades de Ciencia Política de la Universidades occidentales, no pudiéndosele negar en absoluto su condición de gran hombre de Estado.

Edmund Burke falleció el día 9 de julio de 1797 en su casa de campo de Beaconsfiel, retirado  de la vida política activa y escribiendo sobre su pasado y sus ideas, dedicado a su verdadera vocación  literaria. Aquel día, desapareció el iniciador de un gran movimiento liberal- conservador.

7 noviembre 2011

Los nuevos bolcheviques

Filed under: Política/Teoría política/Vida política — fito1944 @ 13:35

Si nos atenemos a la definición de los diccionarios al uso, podemos decir que el bolchevismo, o bolcheviquismo, “es  una doctrina política, económica y social, partidaria de la dictadura del proletariado y el colectivismo”. Pero hoy en día esta definición no encajaría en ningún partido o en ninguna persona que resida en alguno  de los países autitulados democráticos, a excepción claro,  de los seguidores de esos partidos de extrema izquierda que siguen llevando en sus actos las figuras de los primeros bolcheviques como Lenin y Trotsky.

Pues bien, yo creo que esto no es así. Mi experiencia, mis conversaciones, mis lecturas, me han demostrado que, en nuestro mundo occidental, hay muchos más bolcheviques de los que creemos; y lo peor de todo, es que ellos no lo saben.

Estoy saturado de oír conversaciones en las que se habla en contra del capital, del empresario, del comerciante, de una manera grosera e hiriente. Los empleados hablan de los empleadores, con odio, con rencor, con resentimiento… Y lo que es peor, en la mayoría de los casos, sin causa directa o motivo justificado. He oído a pocos que hablen bien de sus jefes, o que les agradezcan el puesto de trabajo que tienen. Es como si hubiera una orden que prohibiera hablar bien de los patronos: ¡los patronos son nuestro enemigos!… Y yo me he preguntado en bastantes ocasiones, si esto es, más que buscar la justicia social, desear el poder absoluto de los trabajadores: ¡la dictadura del proletariado!

A raíz de implantarse, por los partidos socialdemócratas, en los países democráticos europeos lo que conocemos por “El Estado del Bienestar”, el poder del  Estado ha crecido considerablemente. Y es lógico que así sea, porque el Estado-Nación tiene que buscar el bienestar de todos sus miembros, pero dirigiendo y responsabilizándose  de la mayoría de los resortes que dirigen la economía, y ocupándose del bienestar y de las asistencias sociales que cubren a los miembros del territorio. Aunque no deberemos olvidarnos que, esto se tiene que realizar con dinero: ¡con mucho dinero!… Y el dinero lo tenemos que poner los ciudadanos, a base de tributos— impuestos, tasas, e impuestos y contribuciones  especiales—. Pero mi pregunta es: ¿administra bien el Estado los ingresos que recibe de todos los ciudadanos?… Modestamente, creo que no. La mayoría de los economistas coinciden en afirmar que el Estado es mal administrador; que la corrupción económico-política crece a pasos agigantados; que inmorales empresarios tienen relaciones impropias con representantes políticos: desde concejales a alcaldes; desde representantes autonómicos a diputados y senadores… Y el ciudadano medio empieza a cansarse del excesivo poder de los Gobiernos y de la corrupción generalizada. Y muchos nos preguntamos: ¿merece la pena sacrificar una parte importante de nuestros salarios para  ingresarlos en las cuentas del Estado?… ¿Está compensado el esfuerzo económico que realizamos los ciudadanos con los servicios que recibimos? … Desde luego: ¡en muchísimo casos en absoluto! Se empieza a hablar del debilitamiento del Estado del Bienestar y de unas necesarias reformas para que los ciudadanos queden  parcialmente satisfechos. Y bastantes voces autorizadas comienzan a poner en duda la viabilidad de este tipo de sistema político.

Y aquí es donde surgen los que yo llamaría  bolcheviques del siglo XXI. Surgen los movimientos dirigidos que despotrican, la mayoría de las veces injustamente, contra los que opinan que el Estado del Bienestar habrá que retocarlo o reformarlo. Los sindicatos proletarios se rebelan contra los reformadores, porque no quieren perder las prebendas de la subvenciones; los grupos denominados antisistema se manifiestan violentamente en las calles de las grandes ciudades;  toman edificios y plazas públicas que ellos consideran del pueblo; se niegan a pagar los compromisos adquiridos con las empresas financieras; no quieren pagar impuestos. Desean una sociedad colectivista  dirigida por los gobiernos y que se les suministren unos bienes y servicios gratuitos, pero sin que ellos quieren aportar ninguna cantidad. Desean un sistema que les subvencione, que les dirija la vida… En fin, desean, como los bolcheviques soviéticos de 1917: la dictadura del proletariado y el Estado colectivista. Sin pensar en lo desastroso de aquel sistema que hizo esclavos a millones de personas, llevando a los habitantes de los  países soviéticos a la ruina física, económica y moral.

Pero de todo lo anteriormente expuesto, lo que más me decepciona, y me atemoriza, es que muchos ciudadanos, que viven más o menos aceptablemente, que disfrutan de unos bienes que podríamos considerar medios, y que conservan un puesto de trabajo superior a los de la clase más baja del proletariado, “bailan el agua” y comulgan con esas teorías neomarxistas y dictatoriales esgrimidas por los “revolucionarios antisistema”. A todo este grupo de personas son a los que yo denomino: los nuevos bolcheviques del siglo XXI.

23 junio 2011

La Economía española necesita alegría

Filed under: Política/Teoría política/Vida política — fito1944 @ 18:13

El aburrido panorama que estamos viviendo los españoles desde que comenzó la crisis económica es estremecedor.  Aunque muchos criticarán está opinión  ya que, el panorama,  más que estremecedor  es: ¡desolador!… Y efectivamente, los casi  5 millones de parados, el endeudamiento privado y Público, el escaso crecimiento del PIB,  el elevado número de impagados hipotecarios, la mala situación financiera de los autónomos, la bajada del consumo, la amenaza de intervención  de la Unión Monetaria Europea, etc., hace deprimirse desoladoramente a la mayoría de los ciudadanos españoles.

Yo siempre he entendido que, la Economía, aparte de las normas y de las ideas que le hacen caminar, existen unos factores psicológicos que son los que verdaderamente le “alegran”, le hacen reaccionar… Y a la Economía española le falta alegría, viveza, disposición a superarse. Está triste, tristísima. Y es que no es para menos con el panorama que se presenta a nuestra vista. Como consecuencia: surge el estremecimiento… ¡el pánico!  Los motores económicos se gripan, se paran… Y a los españoles, el ánimo se les evapora, se asustan y se entristecen…

Mientras tanto, los responsables políticos de la Nación, en sus campañas propagandistas, lanzas mensajes manifestando que todo va bien y que “empezamos a ver la luz del túnel”. Pero los españoles no son tontos, y saben que los están engañando, y se entristecen aún más.  Se encierran con sus penas y sus sombras en la casa de la desolación y del estremecimiento. Los empresarios no invierten en futuros financieros, ni crean nuevas empresas;  los trabajadores no se mueven lo suficiente como para patear la calle buscando nuevos empleos; los que por suerte aún no han perdido su puesto de trabajo, se encojen sobre si mismos, dando gracias por su favorable situación; y los funcionarios, en muchos caso ajenos al mercado de trabajo, esperan estoicamente a que pase la riada.

Indudablemente hace fala un cambio de Gobierno. Un nuevo Gobierno que ofrezca a los españoles posibilidades de futuro, ¡qué alegre la vida ciudadana! Qué haga creer a los empresarios que con el  nuevo Ejecutivo están abiertas más oportunidades de  negocio; qué haga  pensar a muchos parados, en buena edad laboral, que van a tener auténticas posibilidades de obtener empleo; que los jóvenes universitarios pienses que cuando ellos entren en el mercado de trabajo, el “tsunami” habrá pasado y las aguas volverán a remansarse.

Cuando vuelva la alegría a la calle, a  toda la sociedad, entonces se verá como, sin que los responsables de la Economía y de la Hacienda hagan grandes esfuerzos, las cifras que miden el mundo  económico aumentarán a velocidades que ni los más optimistas podrían imaginar.

Ahora, España está triste, deprimida, fracasada… Pero estoy seguro  que, si los españoles saben depositar inteligentemente su voto en las urnas, sin dejarse llevar por sentimientos absurdos y por caducas  ideologías demagógicas, los rostros demacrados de los españoles volverán a recuperar un color sano y sonrosado, sus bocas comenzarán  a esbozar una sonrisa, y sus corazones recuperaran su ritmo alegre y sincronizado.

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